"Descifrando Mi Escuela"
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sábado, 15 de enero de 2011

Para Los Maestros

Es buena ocasión para reconocer y recordar a esas personas que han estado conmigo en el aprendizaje no sólo de los libros, sino de la vida... Quiero agradecer a todos mis maestros, esos que desde los inicios escolares han dejado huella en mí.

A los maestros del kínder, de la primaria. Esos que día a día dedicaron su tiempo para enseñarnos las letras y los números, que aguantaron gritos y risas de niños inquietos, que explicaban una y otra vez la lección para que todos la comprendiéramos.

Esos maestros que alguna vez odiamos porque nos dejaban tarea en vacaciones y que amamos cuando nos dejaban salir temprano al recreo.

A los maestros de la secundaria, aquellos que nos enseñaron lo esencial de la vida de adolescente, maestros realmente estrictos que nos enseñaron disciplina y que tenían que castigarnos cuando nos salíamos de clase.

Esos maestros que soportaron con paciencia nuestras risas y burlas cuando hablaban de sexualidad, pero que a la vez nos hacían sonrojar con sus clases, esas que creíamos inútiles pero que ahora sabemos que son la base de nuestra vida.

A los maestros de la prepa. ¡Ah, aquellos tiempos! esos en los que crees que el mundo gira alrededor de ti. Gracias a todos esos maestros que nos hicieron poner los pies sobre la tierra y que poco a poco nos fueron guiando hacia lo que sería nuestra profesión.

Maestros, que nos hicieron llorar con las lecciones de historia, de química y de cálculo y que hoy son recordados con mucho cariño.

A los maestros de la universidad. ¡Cómo olvidarlos! Maestros de vida, maestros de profesión. Esos maestros que te permiten olvidar su título y llamarlo solamente por su nombre.

Gracias a todos ellos por los consejos, por los secretos de profesión compartidos, por vernos como futuros colegas más que como futura competencia, por su apoyo pero sobre todo por la amistad brindada.

A todos ellos, a los que me regañaron y los que me premiaron, a los que me exentaron de un examen, y al que alguna vez me reprobó… Gracias porque es por ustedes que hoy soy una gran profesionista y una gran persona.

Gracias por las enseñanzas del ayer… Y los recuerdos del ahora.


Con mucho cariño en su día.

Día del Maestro


El 15 de enero de 1932, en la sede del antiguo «Colegio Vargas», ubicado entonces en la esquina de Cují, se fundó la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, que cuatro años más tarde se convirtió en la Federación Venezolana de Maestros. Su primer Presidente fue el notable educador y dirigente gremial Miguel Suniaga. Luis Beltrán Prieto Figueroa fue el Secretario de esta primera Directiva, y más tarde lo eligieron tercer Presidente de la Sociedad como sucesor de Roberto Martínez Centeno.

El Presidente Medina Angarita decretó el 13 de enero de 1945 la celebración del Día del Maestro el 15 de enero de cada año, como un homenaje permanente a los educadores venezolanos. Esta celebración se trasladó en 1952 al 29 de noviembre, natalicio de Andrés Bello, por su condición de maestro del Libertador. A partir de 1959 se vuelve a la fecha fijada por Medina, la del 15 de enero. La idea inicial había surgido en el seno de la Primera Convención del Magisterio, celebrada en Caracas entre el 25 de agosto y el 5 de setiembre de 1936. Esta Asamblea soberana creó la Federación Venezolana de Maestros, cuyo primer Presidente fue Luis Beltrán Prieto Figueroa.

También surgió de esta Convención la Tabla de los Derechos del Niño, cuyo acápite V dice: «Todo niño tiene derecho a ser educado por maestras capacitados, de sólida preparación general y profesional, de espíritu recto y bondadoso, que tomen el ejercicio de su profesión como la más alta de las funciones sociales, y no como un simple medio para ganarse la vida»

¡Oh, mi maestro!

Desde Pativilca, el 19 de enero de 1824, Bolívar escribe a su antiguo maestro don Simón Rodríguez una de las cartas más hermosas no sólo por los sentimientos que se removieron en su conciencia al saber que su antiguo maestro estaba en Colombia, sino por los conceptos que le merecieron a Simón Bolívar la profesión de maestro. Este es un fragmento de esa carta:

«¡Oh, mi maestro! ¡Oh, mi amigo! ¡Oh, mi Robinson, Ud. en Colombia! ¡Usted en Bogotá y nada me ha dicho, nada me ha escrito, sin duda Ud. es el hombre más extraordinario del mundo... Ud., maestro mío, cuánto debe haberme contemplado de cerca aunque colocado a tan remota distancia. Con que avidez habrá seguido Ud. mis pasos; estos pasos dirigidos muy anticipadamente por Ud. mismo. Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Ud. me señaló. Ud. fue mi piloto aunque sentado sobre una de las playas de Europa. No puede usted figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado ... Amigo, si tan irresistibles atractivos no impulsan a usted aun vuelo rápido hacia mí, ocurriré a un apetito más fuerte: la amistad invoco... ».



lunes, 10 de enero de 2011

Ezequiel Zamora El General Del Pueblo.

Muere en San Carlos (Edo. Cojedes) el 10.1.1860.

Líder de destacada participación en la Guerra Federal o Guerra Larga (1859-1863) como defensor de la idea de la Federación. Su vida se caracterizó por estar teñida del espíritu romántico de los personajes liberales de su tiempo. Sus padres fueron Alejandro Zamora y Paula Correa, modestos propietarios pertenecientes al estrato de los "blancos de orilla". Durante los primeros años de su niñez recibe la rudimentaria instrucción que podía brindarle una zona rural todavía convulsionada por las luchas independentistas. Posteriormente, se traslada a Caracas donde prosigue estudios primarios en la escuela lancasteriana, siendo la única educación formal que conoce. Sin embargo, gracias a la influencia de su cuñado Juan Caspers, adquiere información sobre la situación política y los movimientos revolucionarios de Europa, los cuales llaman poderosamente su atención. En este tiempo, completa su formación gracias a la relación de amistad que establece con el abogado José Manuel García, quien le explica Filosofía Moderna y fundamentos de Derecho Romano, hablándole también de los "principios de la igualdad" y de la necesidad de su implementación en Venezuela.

En 1846, como miembro del Partido Liberal, se presenta a las elecciones de ese año, como candidato a "elector" para el cantón de Villa de Cura, pero su nominación fue objetada por los conservadores, mediante procedimientos que él y sus partidarios consideraron como compulsivos e ilegales. Este fue el reflejo de la tensa situación entre Liberales y Conservadores a escala nacional, cuyo cruento desenlace pretende evitarse por medio de una entrevista entre José Antonio Páez y Antonio Leocadio Guzmán. No obstante, la reunión de los dos líderes es frustrada por alzamientos espontáneos de campesinos en la región central. Zamora llama inmediatamente a "hacer la guerra a los godos" en beneficio de los pobres, mientras Páez es nombrado Jefe del Ejército. En definitiva, Zamora se levanta en armas el 7 de septiembre de 1846, en la localidad de Guambra; "tierra y hombres libres", "respeto al campesino", "desaparición de los godos", son las consignas esenciales de quien la gente comenzó a llamar "General del Pueblo Soberano". Tras librar las acciones victoriosas de Los Bagres y Los Leones, es derrotado y capturado el 26 de marzo de 1847. Es condenado a muerte por los tribunales de Villa de Cura el 27 de julio del mismo año, pero José Tadeo Monagas le conmuta la pena.

El 23 de febrero de 1859, en el marco de la Guerra Federal desembarca—procedente de Curazao—en La Vela de Coro. Se denomina Jefe de Operaciones de Occidente, haciendo que Coro se constituya en estado federal (25.2.1859.) y organizando un gobierno provisional de Venezuela (26.2.1859.). El 23 de marzo triunfa en el encuentro de El Palito, a partir del cual planifica sus movimientos hacia los llanos occidentales. Toma San Felipe el 28 de marzo y reorganiza la provincia como entidad federal con el nombre de estado Yaracuy. El 10 de diciembre de 1859, se desarrolla la batalla de Santa Inés, en la cual derrota al ejército centralista; siendo considerada esta acción como fundamental en el proceso de la Guerra Federal y testimonio de las excepcionales cualidades de Zamora como conductor de tropas. Después de Santa Inés, Zamora se dirige hacia el centro del país a través de Barinas y Portuguesa, pero antes de aproximarse a Caracas, resuelve asaltar la ciudad de San Carlos; durante las acciones preliminares para la toma de la plaza, recibe un balazo en la cabeza que le causó la muerte. Su inesperado deceso cambió el rumbo positivo que llevaba la guerra para los federalistas y produjo la pérdida, del que para muchos fue el más importante líder popular del siglo XIX venezolano.